QUASAR. Novela

CAPÍTULO 1

Un rayo de luz explota desde un centro oscuro, y maravillosas ondas atraen una energía, e increíble estela de un intenso azul. En la película se denota lo maravilloso que suele ser el espacio, y por ello hoy estoy sentada en cátedra de astrofísica. Aburrido para algunos, magnífico para mí. Les sorprendería lo que uno descubre aquí, y aún más en la clase del señor, Clark “S”, ya sabrán del porque se hace llamar así. El profesor S, se interpone frente a la enorme pantalla y el foco, proyectando una alargada sombra sobre la pared, finalmente enciende las luces dentro del aula.

Pestañeo, ante la interrupción.

—¿Los quasares, realmente porqué son fenómenos? ¿Son algo así como una estrella del rock? A priori: Terminaremos todos convertidos y tragados por agujeros negros movidos por su música.

Él detiene la marcha del video y da inicio a su discurso, ahora todos estamos atentos a su pregunta o respuesta. Lo veo guardar su pluma en el bolsillo frontal de su camisa, y es de esperar, sonríe complacido consigo. Lo he dicho: el hombre ama los desafíos. Por ello me he inscripto a su tutoría, es uno de los mejores académicos en la Universidad. Pues, tampoco adivinaría jamás, lo convincente que es a la hora de impartir sus clases.

—Un centro en un gran escenario… Alumnos, imaginen un ser magnético, —mi compañero de lado vocifera el nombre de Magneto, y risas retumban en el salón, incluyendo la mía—. ¡Ajá exacto, muy ocurrente señor Adams! Continúo; —el profesor se coloca de manera casual en apoyo sobre su escritorio—. Eso lo convierte en alguien absorbente, y muy, muy explosivo con tal brillo, o sea hasta vomita su ego. Cerca de estos hay una energía de billones, en otras palabras, arderían mis ojos.

Asiente conforme a su ejemplo.

—Ahora tu… —Dicen mi nombre, entonces elevo mi vista fuera de mis anotaciones—. Sí, gracias por el nuevo aporte Adams. Ehm, en que estaba, ah sí. Candela. ¿Dime, qué sacas de estos Rock-stars?

Aumento de risas. Pienso; es una de las asignaturas más felices en astronomía. Endurezco mi cuerpo en el asiento, el hecho es tratar que los nervios no me afecten. En cambio, ruedo el lápiz entre mis dedos, antes de crear alguna contestación. Carraspeo, no obstante, estoy segura de mí misma. Dije.

—Son supermasivos, brutales devoradores de luz, son parásitos. —A mi lado compañeros ríen—. Asimismo, también considero; son hermosos creadores de verdaderas galaxias…

Finalmente me voy apagando, ante el silencio de los alumnos, además de aludir al hombre entrado en años y en cuerpo y experiencia, que me observa con seriedad. Lo puedo notar deshaciendo mi vago concepto, sin embargo, comienza a moverse pensativo a lo ancho del salón. Nuevamente avanza y esta vez es en mi dirección, me genera ansiedad al verle subir las cuatro filas, en seguida mueve a mi compañero Adams, y se coloca junto. Rasca su mentón, y pasea su mirada hacia cada uno dentro del lugar.

—Saben que ese “ego”, el del quasar es muy necesario. Su imán es implacable para mover, acercar cuerpos, esos que convidan su luz. Es un fenómeno maravillosamente extraño. Aquí Candela ha dicho algo muy interesante acerca de estos estelares, imagínenlos como las estrellas de Rock, ¿ah? Se iluminan por la energía que imantan. ¿Cierto?, pues su concierto es concurrido. —Sonríe y voltea hacia mí—. Has observado muy bien, el caso que no hace del todo mal, ¿por qué pensar que solo desarman, absorben? Si también tienen el arma de alinear, brillar y tal has dicho: crear lo nuevo.

—Son el centro de un todo, si ellos dan un inicio quizás, usted lo dijo, también pueden zanjar un período, pues entonces lo único que no comprendo: ¿cuál es la causa de que disipen por completo?

Recobro compostura, al considerar a Adams a la diestra de “S”, y dicha cercanía y atención de este; entonces ya no me siento tan cómoda como en un principio. Suelo enfebrecer mi estado, ante cualquier debate de interés acostumbro advertir un subidón de energía, y ya, reacciono por impulso. Seguro, el señor Clark trata de revertir y reformular hipótesis, y así nuevamente otra disputa dará inicio.

—¡Ja! Esto merece un premio. ¿Puedo?

Estoy desconcertada, parpadeo, aunque asiento contestando a su pregunta. La presión de sus dedos es sutil, al colocar adhesivos de estrellas sobre mis pómulos, al momento sonrío al profesor Clark, él hace esto a cada alumno que logra oponerse, o dar inicio a un tema el cual quiere que concluyamos nosotros mismos. Cuando está bañando mi rostro recreando una constelación, una potente música lo interrumpe, por consecuencia este ciñe su cejo. El teléfono de mi compañero Adams, resuena a nuestro lado, y segundo después se enciende la alarma del término de hora.

El profesor Clark ya de pie, dijo.

—Señor Adams, usted escucha lo que opino sobre los móviles en clase. Queda advertido.

—Lo siento, ya, ya no volverá a repetirse. Perdón.

—Ajá, mmm, ¿qué banda es esa? La del tono…

Adams boquea confundido, luego se compone y sonríe viéndonos.

—E-es, son fabulosos señor, y curioso, su nombre es muy oportuno, se llaman Quasar.

Clark menea su índice, mientras cabecea en reconocimiento, en cuanto a mí, solo los observo sin comprender.

—Oh, ya sabía yo, mi hija me tiene loco con esos chicos. Pero, entre nos, me agradan. —Diciendo eso se aleja hacia su escritorio—. ¡Hasta la próxima, alumnos! Nos veremos y en esa oportunidad quiero mucho del tema. Infórmense, e instruyan sus propias teorías, tal vez se ganen más que estrellas.

Aclara, y en eso revela la gran ese, común en color rojo[1], que sutilmente esconde debajo de su camisa.

Se escuchan chismorreos y más risas. Lo curioso que gran número de alumnos están dentro del salón, muy diferente a otras clases que casi siempre pelean por quien sale disparado primero. Recojo mis cosas, tratando de apurarme y llegar al metro sin demoras. Aún el tráfico a estas horas es apenas tranquilo.

—Hasta la próxima Candela.

—Chao, Adams.

Corro, presurosa cruzando el campus, casi llego, en tanto en los portones de UV.LA, noto los elevados risos de Melissa. Al verme entre personas, esta salta de un lado a otro, haciendo que rebote el estuche de su violín. Mi amiga continúa en lo suyo como un canguro.

—¡Ey, aquí Candela! ¡Aquí!

Llego hasta ella y soy atrapada en un caluroso abrazo. Melissa se aleja sonriente, mientras yo la imito.

—Que energía Mely…

—Ay, no tengo mucho tiempo Cande. —Me ve confundida—. ¡¿Otra vez te ha puesto eso en todo tu moflete?!

Dice al pasar todas sus palmas sobre mis mejillas, al hacerlo recuerdo las pegatinas.

—Deseo algo de ti, ¡te he alcanzado necesito que me hagas un gran favor!

Sin más comenzamos a andar, y en ello la contemplo con aprensión.

—¿Y bien?

Sin decir más la escucho, viendo como gesticula sin disimulo su entusiasmo. Mi mejor amiga ama la actuación, y sí, afortunadamente vive en la gran ciudad del cine. Pues eso no lo hace nada fácil tampoco, Melissa se ha presentado a numerosos castings, yo ya me he aburrido de verle ir y venir con su bella carita larga de tanta tristeza, luego de quedar fuera.

—Esta vez es diferente morena, siento que esta es mi gran, enorme oportunidad. ¡Debo tomarla por los cuernos!

Río, echando mi cabellera negra fuera de hombro.

—Frena eso Candela, tienes que cubrirme el turno en la librería. Si falto, tu mamá va a matarme.

Resoplo, en seguida me abanico el rostro debido al calor. En Los Ángeles, de pie sobre la calle, hay demasiado fuego, me está matando, y eso que nací y admito, moriré en este sitio. En otras palabras, por un día, tan solo uno, quiero un cambio. En otro caso, quizás algo frío, que me erice por completo, fantaseo, he hecho de mi vida una rutina.

—Por qué tan callada Cande, dale, dime que sí. ¿Siií?

Melissa imita un perfecto tono en español, en efecto el acento no es del todo acertado.

Mhm, eso te va a costar.

—Qué, qué quieres a cambio… Quién me ha despertado, obtendrá de mí los mejores deseos. Pide mi señora.

—Oh, ya cállate. Ese es el papel el cual interpretarás, es enserio, ¿Aladino?

—No, solo se me vino en mente. Además, no me sienta lo de Genio.

Trato de concentrarme donde vamos, ya casi, estamos cerca de nuestro medio de trasporte. Tengo pensado cambiar mi ruta, ya que pretendo hacerle el favor. Aunque ella aún no lo sabe.

—Quieres que comparta todo un año Netflix contigo, hecho. ¿Mi ropa?, listo. ¿Algo más? Ah, escucharte sobre tu espacio, estrellas y números infinitos. Sin peros. —Le tomo de su chaqueta, y pretendo cruzar la vía sin que ella sea atropellada por un remolque. Al llegar al otro lado me detengo, y fijo mi mirada en sus perfectos ojos verdes.

—Ya. Lo haré, está bien. Acepto, un canje muy jugoso.

—Va, va, ya sabía yo que no me eliminarías lo de escucharte hablar de tus hobbies. Eres perversa Candela Long.

Revuelve mi cabellera, mientras se queja sobre escucharme hablar de astros, luego continuamos el camino hacia el centro. Después de mucho, no he sido testigo del apuro de mi amiga, nunca llega a tiempo a ningún sitio. Excepto las audiciones, motivo extra. Alcanzando el primer bulevar la gente ronda sin detenerse, los imito, en tanto soy rodeada de pensamientos.

—Debo avisarle a mamá que no me encontrará en casa.

—No te preocupes.

Giro rápidamente el cuello en su dirección, gracias a la velocidad de rotación me da un dolor agudo en él, enseguida masajeo la zona.

—Lo tuyo es grave, prácticamente todo el año o casi durante he sido tu agenda, y ahora vas y me ganas. Bendito cast.

Me carcajeo, su cara me dice: “Estás exagerando”. Ella bufa y repite.

—Mira que eres una exagerada.

Continúa renegando, y en eso, un bus estaciona frente, arrojando su humo directo en nuestras narices. Ambas tosemos sin contenernos, y cuando logro calmar mi garganta y alejar el sabor amargo, sin más dilatación, le estoy gritando a su conductor. Melissa me toma del antebrazo, tratando que baje la voz. La veo realmente mortificada, es que casi nadie se ha aludido la realidad en la cual estamos. Qué mundo cruel.

Ella me deja espacio, una vez nota que el vehículo avanza, y al tris defino la imagen de difusión que se adhiere en chapa, en un tamaño visible para transeúntes; al fin y al cabo, mi curiosidad no necesariamente es en cualquier publicidad. Una tipografía moderna resalta en color neutro, y casi en cámara lenta logro leer el título. «Quasar.» En mi memoria surge el recordatorio, el momento exacto cuanto he escuchado el tono de llamada en el móvil de Adams.

Un sonoro suspiro al fin despierta mi retardo, oigo a Melissa.

Es ahí que recorro el trayecto del colectivo hasta perderle de vista.

—Uf, quien pudiera tener ese par observándote. Ni hablar, si me canta al oído.

—¿De qué hablas?

—Eh, es en serio, ¡a él me refiero!

Parpadeo, y en cuanto volteo mi concentración en Mely, descubro su mano extendida en dirección al andén del frente, al otro lado en avenida; un gran cartel de difusión cubre parte de una azotea sobre un edificio. Parece de risa, es el doble de tamaño del anterior, con singular efecto, impacto y medio me llevo.

Trago el grueso nudo, y froto mis pestañas pintadas, creo dejar máscara por todo mi ojo izquierdo.

Imaginen que los quasares y sus vientos y su magnetismo, tienden a obrar con las estrellas, como bailando con ellas, pudiendo de esa forma refractar y colorear unos aros de un añil tal, dejándote sin aliento. Un increíble espectáculo que indagar. A mi parecer, sería lo más hermoso de lo que podría ser testigo. Hasta ahora. Porque esos luceros que están impresos en aquella imagen, son un verdadero quasar.

—Wao.

—Sí, wao. Esta banda está en su momento, aunque lo mejor es su vocalista, Alioth. Es un bombón, claro, a más de talentoso el chico, hay que decirlo.

—¡¿Alioth?! Vaya, después de todo, llego a comprender lo de su banda. Si su nombre…

Melissa toma el aspecto de sospecha, responde.

—No me digas.

—Sí, es una estrella que es parte de Osa Mayor, es muy brillante, y esta es la cola y es la más cerca…

Mi amiga cruza sin aviso, haciendo un movimiento de hastío con sus brazos.

—¡Ay Dios, matarme con un gran, el más grande de los meteoritos! —Continúa avanzando sin mí, allí frenética diviso a ambos lados de vía, y luego de no prever peligro; mis sentidos se detienen por un instante en dicho y bendito afiche. Inclino mi cabeza, tratando de adivinar si la fotografía tiene exceso de Photoshop—. ¡Ey, Candela vienes, debo avanzar! —Niego, me encuentro atenta en aquellos fanales de un vibrante azul quasar—. Uy-uy ¡alguien se ha enamorado!

Suspiro, avergonzada ante aquel resuelto grito, y trato de despejarme, eventualmente observo en su dirección, ella se encuentra riendo.

—Ya para tonta.

Minuto más tarde, hace una reverencia y alza su brazo en un expresivo saludo, se despide, en tanto crea un signo al modo religioso. Diciéndome que necesita de mucha ayuda en casting. Nos mandamos un corto beso, y dibujo un corazón con mi índice sobre mi blusa. Melissa dice un silencioso “gracias”, pronto sostiene el instrumento y ligero voltea, emprendiendo hacia destino.

Me quedo viendo su silueta, y a sus risos rebotar hasta perderle de vista. Al instante recuerdo que debo llegar a la librería, obligatoriamente cubrir el turno de Melissa. Si no lo cumplo, mi madre nos matará a ambas y esta vez; sin tomarla ni beberla, llevaría la peor parte, solo por ser familia. Bufo, y arreglo mi cabellera en alto, permito que suaves mechones largos caigan a cada lado de mi rostro, y casi sin querer miro por encima.

—Okey, ¿qué hago aquí, y colgada por ti? —El azul y expresión en ellos parece sonreírme, entonces devuelvo una dócil sonrisa, ahora bien, me alejo con algo de rudeza sobre mis talones, zapateando encamino a Angelo Books.

¡DEJA TU IMPRESIÓN DEBAJO EN LA CAJITA DE COMENTARIOS! <3Gracias.

[1] El profesor Clark, posee o hace referencia a la “S” debido a su nombre: “Clark” como Clark Kent, y refiere a que viene del espacio, como lo es el famoso personaje de Superman.

Les dejo la PLAYLIST en Spotify de la obra por si desean escucharla, esta novela incluirá género de fantasía, y romance.

Además, hallarán letras escitas por Alioth Mitchell ¿quieres conocerlo? Pues dentro de muy poco ¡en AMAZON!

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